Soy Irene llopis
Nutricionista con enfoque no pesocentrista y acompañante en alimentación intuitiva
Vivo en paz con mi cuerpo, y mi relación con la comida hoy es una fuente de disfrute, no de lucha.
Durante años creí que la salud y la felicidad tenían el mismo peso que la báscula.
Como tantas mujeres, crecí en una cultura que venera la delgadez y asocia el valor personal al tamaño del cuerpo. Lo que empezó siendo amor por moverme y comer con placer, se convirtió en una obsesión por alcanzar el “cuerpo 10”. Entré en un bucle de dietas, restricciones, ejercicio extremo y culpa.
Mi vida giraba alrededor de lo que comía o no comía, de los kilos que subían o bajaban, de la aprobación externa. Y cuanto más me exigía, más me alejaba de mí: peor salud, más ansiedad, más descontrol y más desconexión.
Ese ciclo se repitió durante años. Detrás de cada “nuevo comienzo” había una nueva dieta, una rutina imposible o una promesa de bienestar que siempre se desvanecía. Vivía atrapada entre el todo y la nada: control o atracón, disciplina o culpa, motivación o agotamiento.
la búsqueda de
hacerlo bien
Mi necesidad de entender qué me pasaba me llevó a estudiar el Grado en Nutrición Humana y Dietética.
Pensé que el conocimiento científico sería la clave para encontrar la paz con la comida.
Y aunque supuso un gran avance —dejé atrás las dietas milagro y las listas de alimentos prohibidos— mi mentalidad seguía dominada por la gordofobia y la idea de que cuidar la salud pasaba necesariamente por perder peso.
También cambió mi relación con el movimiento. Dejé de hacer ejercicio para “quemar calorías” y comencé a hacerlo por placer, curiosidad y bienestar. Fue entonces cuando conocí el jiu jitsu brasileño, una práctica que me transformó: me devolvió la fuerza, la confianza y el respeto por la diversidad de cuerpos.
Descubrí que todos los cuerpos, grandes o pequeños, fuertes o ágiles, tienen valor y belleza.
de la frustración
al propósito
Cuando empecé a ejercer como nutricionista, me encontré con algo que me removió profundamente: la mayoría de mis pacientes tenían miedo. Miedo a engordar, miedo a comer, miedo a mirarse.
Muchos no querían pesarse, otros se culpaban por no poder seguir una dieta.
Y lo ví claro, aunque mis planes eran más flexibles y realistas, eso no le hacía bien a nadie. Más tarde entendí que el problema era que estaba enfocada en el peso como principal indicador de salud/bienestar.
Durante mucho tiempo me sentí vacía. Pero con la esperanza de que otra forma de entender la nutrición era posible.
Y la encontré.
Descubrí la alimentación intuitiva y el modelo de atención incluyente en peso, un enfoque basado en la evidencia científica y en el respeto profundo al cuerpo.
Por fin comprendí que la salud no se mide en kilos, que la verdadera transformación ocurre cuando reconectamos con las señales internas, con el placer de comer, con la libertad de movernos por gusto y no por castigo.
Desde entonces, me he formado en este paradigma y lo he integrado tanto en mi vida como en mi práctica profesional.
He aprendido a confiar en mi cuerpo, a escuchar sus ritmos y a tratarlo con compasión.
He trabajado mis sesgos y comprendido que la gordofobia no es un problema individual, sino social.
Y sigo en camino, porque el desaprendizaje es un proceso continuo.
y hoy acompaño
desde otro lugar
Acompaño a personas que desean reconciliarse con su cuerpo y su alimentación, dejando atrás la cultura de la dieta y el control.
Trabajo desde un modelo no centrado en el peso, un enfoque más humano, sostenible y respetuoso, que integra las dimensiones física, emocional y social del bienestar.
Mi metodología combina evidencia científica con escucha, empatía y presencia.
Creo en el poder del autocuidado y en la libertad de habitar el propio cuerpo sin culpa ni vergüenza.
la base de mi trabajo
Mis principios
Estos son los principios que guían cada acompañamiento y la forma en la que trabajo.

Alimentación amable y conexión con el cuerpo
Creo en una forma de comer sin culpa, escuchando al cuerpo y disfrutando la comida. El cuerpo no es un problema que arreglar, es un lugar que habitar con cuidado.

Respeto y dignidad corporal
Ningún cuerpo necesita ser valorado, juzgado o clasificado por su peso, tamaño o forma. Todos los cuerpos merecen respeto y dignidad.

Acompañamiento centrado en la persona
Cada proceso es único. Camino contigo, escuchando lo que necesitas y tomando decisiones de manera compartida.

Rigor con humanidad
Me apoyo en la ciencia, pero sin perder la sensibilidad. Creo que el conocimiento y el trato humano pueden ir de la mano.

Bienestar más allá de la comida
Cuidarte no es solo comer: también es descansar, moverte con gusto, cuidar tu mente y tus vínculos, y construir una relación más amable contigo.

Autocompasión y cuidado sostenible
Aprender a cuidarte desde la amabilidad, a largo plazo y sin culpa.
Mi propósito
Acompañarte a soltar la lucha con la comida y el cuerpo, y a reconectar con el placer, la calma y el respeto que tu cuerpo merece.



